En un segundo la vida
Todo empezó con una bravuconada. La típica bravuconada absurda -como todas- a manos de un señor que maneja un automóvil. Jorge iba camino a casa, después de una noche de trabajo. Serían las tres, o tal vez las cuatro de la mañana. Iba con su auto viejo, bastante destartalado, por alguna avenida de Barracas. Venía … Read more