Ring raje

Iba por primera vez a esa casa. Llegué temprano, unos siete minutos antes de lo convenido. Eso, y la lluvia, ameritaban un cigarrillo.
Me paré en la puerta del modesto edificio a fumar, mirar la lluvia y la gente, y principalmente, a hacer tiempo. Eran las 18.53 de un día de lluvia de abril.
No habrían pasado dos minutos cuando veo un señor, un muchacho, que entre las sombras cruza la calle. Presto atención, con desconfianza. El señor se acerca sospechosamente a mí, viene directamente hacia mí. Me separo apenas de la puerta del edificio, para dejarlo pasar, o ver mejor sus intenciones.
El señor me mira, pasa al lado mío, llega a la puerta, y toca un timbre. Espera unos pocos segundos, y repentinamente, se da la vuelta y se va, sin prisa y sin pausa.
Lo miro irse, con más desconfianza aún. Por un segundo pienso que soy un héroe que frustró un plan macabro. Sigo con el cigarrillo.
No pasa un minuto cuando la chica que me esperaba abre la puerta. Hola, qué tal, blabla. ¿Y por qué bajaste? Porque no se abre con el portero. Entiendo, claro, me refiero a que por qué bajaste, cómo sabías que estaba yo acá. Porque tocaste el timbre!

No dije nada.

[originalmente publicado en https://historiasquenollevananingunlado.blogspot.com]

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